8M: Por la unidad internacional de las trabajadoras. Abajo la guerra de la OTAN. fuera el FMI. Fuera Putin

Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, tiene un dramático signo en común con los 8 de marzo de principios del siglo XX. Mujeres trabajadoras de todo el mundo nos movilizaremos sabiendo que corre sangre obrera en el centro de Europa: el ejército ruso avanza sobre Ucrania y la OTAN, el brazo armado del imperialismo, ha desplegado 40.000 soldados en Polonia, Rumania, los estados del Báltico y todos los países ex soviéticos que limitan con Rusia, colonizados hasta los tuétanos por el FMI. La injerencia de Estados Unidos y la Unión Europea ha convertido la invasión a Ucrania en una guerra mundial.

Aunque Ucrania parezca lejana, mucho nos une a las rusas y a las ucranianas. Argentina y Ucrania están entre los tres países que más deben al FMI y las consecuencias son las mismas: hambre, desocupación, miseria salarial, ataque a la jubilación, pérdida de conquistas.

En la Argentina, donde seis de cada diez chicos viven en la pobreza, el gobierno se apresta a firmar un acuerdo que incluye un ajustazo inocultable. En Rusia, el 36% de la población vive en lo que llaman “zona de riesgo del consumir”, más claro: no tienen lo indispensable. La miseria convirtió a Ucrania en el mayor criadero de bebés del planeta: las mujeres alquilan -“subrogan”- sus vientres para sobrevivir. Durante la pandemia, los recién nacidos quedaron almacenados en instituciones porque sus compradores no podían retirarlos.

Putin es deudor y cómplice de las políticas fondomonetaristas: en enero, cuando los kazajos se levantaron contra los monopolios energéticos después de un aumento brutal del precio del gas, cerró filas con el régimen de Tokayev. Lo mismo hizo Turquía, enlistada con la OTAN. A la hora de esquilmarnos, de llevarnos a la desesperación, los dos bandos se vuelven uno solo.

En la Argentina, la lucha contra la guerra es la lucha contra el acuerdo colonial con el FMI. Denunciemos que los pagos que nos hunden irán a nutrir los misiles de la OTAN. Entre las organizaciones de mujeres que están preparando el 8 de marzo reina el silencio respecto de la guerra. En el caso de las kirchneristas y albertistas, tratan de ocultar la vergonzosa sumisión de los Fernández al FMI y a la política bélica del imperialismo.

La miseria social es indisoluble de la violencia contra las mujeres. En Rusia son legales los castigos corporales del jefe de familia contra la mujer y los hijos, en Ucrania las mujeres son incubadoras humanas. Ambos países se caracterizan por la misoginia y la homofobia. En la Argentina gobiernan en alegre coyunda el feminismo institucional y sus “políticas de género” con los católicos ultra reaccionarios al estilo Manzur. Hay un femicidio diario, una campaña mediática contra las denuncias de abuso y violencia, y las patotas violan colectivamente a las muchachas a la luz del día.

Los misiles de la OTAN son la continuación armada de las políticas del FMI. El imperialismo busca completar la restauración capitalista de la ex URSS, apropiarse de los inmensos recursos naturales sin el obstáculo de la oligarquía mafiosa de Putin y sus socios. Sin prestar un gramo de apoyo al nacionalismo fascistizante que representa el gobierno ruso, la responsabilidad por la invasión militar es de la OTAN, que ha desplegado sus fuerzas desde el Atlántico Norte hasta Asia central y militarizado todos los estados que rodean a Rusia.

El sostén militar a Ucrania -con la mira puesta en la liquidación del régimen ruso- alcanzó en unos días montos siderales, capaces de sacar de la pobreza a medio planeta. Alemania, Francia, Bélgica, enviaron armas de destrucción masiva por valor de miles de millones de dólares. Las asfixiantes sanciones económicas contra Rusia y Bielorrusia hundirán en la desesperación a pueblos cuyos recursos gasíferos y petroleros son esquilmados por el imperialismo.

La rapiña imperialista por las riquezas de las repúblicas de la ex Unión Soviética se enmascara ahora en la defensa de la autonomía de Ucrania. Los verdugos de Irak y Afganistán, de Yemen y Palestina, de Serbia y Malvinas, se erigen en defensores de la autodeterminación nacional mientras se pasean por el mar de la China y amenazan con extender su tendal de muerte y destrucción mucho más allá del Este europeo. El progresismo centroizquierdista se embelesa con los recién estrenados valores democráticos de Estados Unidos y la Unión Europea.

En la memoria histórica del movimiento de mujeres refulge la lucha de las trabajadoras contra la primera guerra mundial.

En 1912, la guerra en los Balcanes anticipaba la posibilidad de una guerra mundial. Reunida en Basilea, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas llamó a unirse contra la guerra. La alemana Clara Zetkin, fundadora del movimiento de mujeres socialistas, explicó la guerra como “la extensión de la matanza masiva que el capitalismo desata cada hora de cada día contra los proletarios. (…) La guerra es sólo la explotación masiva más alocada por medio del capitalismo”. Y subrayó que “la batalla contra la guerra, y la batalla por la libertad, no pueden librarse sin las mujeres”. Concluyó su discurso con un grito que taladró la conciencia de la época: “Kriegdem Krieg” (Guerra a la Guerra).

Dos años después, en abril de 1915, los peores vaticinios se habían cumplido y unas 30 delegadas socialistas se convocaron en Berna. Para entonces, miles de jóvenes morían en las trincheras de Europa: los partidos socialdemócratas habían traicionado el internacionalismo y avalado la masacre, votando el presupuesto de guerra de sus burguesías. La Conferencia de Berna publicó un Manifiesto dirigido “A las mujeres trabajadoras del mundo entero” donde dicen que “los trabajadores de todos los países son hermanos. Sólo el deseo unido de este pueblo puede ordenar que cese esta matanza. Sólo el socialismo significa la paz futura para la humanidad. Abajo el capitalismo, que sacrifica a cientos de personas en el altar de la riqueza y el poder de los propietarios. ¡Abajo la guerra! ¡Adelante! ¡Hacia el socialismo!” (https://www.marxists.org/espanol/tematica/mujer/la-internacional-de-mujeres-socialistas/3ra-conferencia-1915/1915-03-00-mujeresmundo-3conf-immss.pdf)

Hacemos nuestras las palabras de Zetkin, Luxemburgo, Krupskaya, Armand.

Todas las guerras imperialistas se proponen aumentar las ganancias del capital. Todas las guerras imperialistas tienen como enemigo principal a las y los trabajadores, no importa de qué nacionalidad sean ni dónde vivan. Unos pagarán con la vida, otros con el hambre. Los recursos que producen los pueblos serán orientados a su propia destrucción.

Unamos la lucha por nuestras reivindicaciones a la lucha contra la guerra imperialista. Hagamos como las obreras rusas, que luchando contra el hambre y la guerra derrocaron al zar y abrieron el camino a la Rusia Bolchevique.

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