24 DE MARZO

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En Personal Flow trabajamos con miedo

En un contexto de carencia económica cada vez mayor, Personal Flow despacha a sus clientes aumentos cada dos meses, qué si bien son anunciados del 20%, resultan de hasta el 50% sobre lo abonado el mes anterior. Los clientes exasperados, detonan en las comerciales contra las y los empleados, que nada tienen que ver con las decisiones de la compañía, o las horas de cola a pleno sol que ‘se comen’ para poder efectuar un reclamo.


El flujo de clientes se triplicó con la fusión de Cablevision y Personal, pero la dotación de empleados disminuyó por el cierre de oficinas comerciales de los últimos años, y otros canales de atención, como Instagram, y el *111 colapsado que no da respuestas adecuadas.
Con salarios que bordean la línea de pobreza, firmados con Foetra, los trabajadores salen espantados de las comerciales buscando otras oportunidades, o con licencia psiquiátrica, porque a la violencia de no poder pagar el alquiler, se le suma la violencia en el ámbito laboral. Nos tratan como descartables y cuando enfermamos desconocen las licencias y nos persiguen.


Pero en ningún caso estos puestos de atención son reemplazados. Estamos ante un vaciamiento de la atención, para la patronal, somos un “costo”, no parte del servicio con el que obtiene ganancias record. Pero el agravamiento de la situación de violencia de estos últimos meses, desde insultos hasta agresiones físicas están convulsionando las oficinas.
Mientras recibimos los insultos o los golpes, las jefaturas y líderes informan que “Ya está elevado”, “Ya lo reclamamos”, “Están todos al tanto y tomando medidas”. De Foetra ni noticias, la situación queda en la espalda de delegados y activistas de las oficinas.


Estos días Belgrano estalló y hubo asamblea hasta el mediodía sin atención, con presencia de jefes y gerentes zonales de Telecom-Personal. Mientras en caballito se decidió realizar asamblea y preventivamente se presentó el staff de la empresa.


La empresa pretende “mejorar la seguridad” aumentando el personal de seguridad o prometiendo ampliar el call center, pero los clientes seguirán detonando en las oficinas. Ganan tiempo, la penuria sigue, y nosotros necesitamos una respuesta integral que la empresa perfectamente puede afrontar.


-Mejora del escalafón salarial. Basta de salarios de pobreza.

-Recomposición de las dotaciones para la atención comercial, y la reapertura de los centros cerrados para minimizar la bronca de los clientes.

-Mejora en los tiempos de descanso para no enfermarnos.

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8m LAs mujeres telefónicas demos un paso adelante

Juntas contra la violencia

La violencia ejercida contra las mujeres por sus parejas acapara la atención mediática, y no es para menos. Las cifras de mujeres asesinadas son brutales desde hace años. Pero menos se habla de las otras violencias a las que estamos sometidas. Especialmente en nuestros trabajos.


Las oficinas laborales no están exceptuadas de la violencia y misoginia general de la sociedad, que no desaparece o se ausenta por arte de magia, pero tiene otras formas.


Nos referimos no solo a la violencia ejercida por un jefe o supervisor que se ensaña contra las mujeres (rol que muchas veces ocupa también ejerce otra mujer que prefiere defender su “cargo” o carrera), sino a la violencia que conlleva una relación laboral.


Ritmos de trabajo, objetivos y “calificaciones” que habilitan sanciones y persecuciones, la imposibilidad de acceder a categorías, o “bonos”, premios salariales vinculados a calificaciones arbitrarias u objetivos inalcanzables a costa de nuestra salud. Por supuesto que esta violencia laboral no es exclusiva contra las mujeres, también la sufren muchos hombres.


Pero la mujer carga también con la descarga de la violencia, verbal y física, y la frustración de sus propias parejas y familias acumulan en sus propios trabajos.


Se repiten, cada vez más, episodios de compañeras que se quiebran en sus lugares de trabajo, que no dan más. Especialmente en atención al público, donde se suma la violencia de los clientes… que descargan su bronca por el servicio, responsabilidad de las patronales.


Esta violencia no la sufren todas las mujeres, sino que es propiedad de las mujeres trabajadoras. Suele ser nuestra única propiedad en esta sociedad, donde tenemos que afrontar alquileres impagables. También del peso de los servicios de salud y educación del que el Estado se encuentra en retirada, también nos golpea.


El Estado es incapaz de ofrecer una salida a las mujeres que sufren violencia doméstica, de dar trabajo y vivienda y un salario que, en definitiva, permita la independencia económica necesaria para salir de la convivencia obligada y la violencia.


No se trata de que no hay recursos económicos. Sucede que otra violencia, la del “mercado” económico, se apropia de los recursos estatales para alimentar el parasitismo de la bicicleta financiera.


Qué hacer


Aunque este gobierno haya creado el Ministerio de Mujeres y Géneros y el presidente Fernández haya decretado la muerte del patriarcado, las mujeres seguimos siendo las más precarizadas, las más desempleadas y las que cobramos los peores salarios -70% de la masa salarial en relación con la masculina.


Estas nuevas funcionarias se pasan de gira, y hablan de cambios para no cambiar nada. Tampoco hacen nada para proteger el personal médico que trata de garantizar la aplicación del derecho a abortar, y que el oscurantismo religioso impide mediante la persecución y el terror a los médicos, especialmente en el interior del país.


Los sindicatos, más allá de la demagogia inclusiva, no sólo dejan correr la violencia y arbitrariedades patronales en los lugares de trabajo, sino que no tienen la capacidad de organizar un movimiento de mujeres vigoroso, porque deben garantizar la gobernabilidad del ajuste y la política estatal de la destrucción de salarios que reclaman las patronales y el Fondo.

Tenemos que tomar los problemas en nuestras manos


La organización real de las mujeres comienza en nuestro lugar de trabajo, con nuestras compañeras, conteniendo, en rondas de mate a las compañeras que sufren violencia, tanto laboral, como doméstica. Tenemos que explicarles a nuestras parejas que no deben descargar en nosotras la violencia y frustración que sufren en sus propios trabajos.


La burocracia estatal y sindical no dará una respuesta estos problemas, porque son parte de la institucionalidad de una sociedad que se descompone y se pudre atacando a los más débiles.


Este 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, marchamos para organizar las mujeres. Debemos luchar contra esta doble opresión que sufrimos las mujeres poniendo a nuestros compañeros a la par nuestra, juntos, contra esta opresión. Esta es nuestra perspectiva.

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