Ayer 22 de Marzo, luego de meses de una lucha tenaz, falleció nuestro compañero y amigo Diego Salazar. Luchador en nuestro gremio desde la primera hora cuando nos organizábamos clandestinamente para aportar a nuestro encuadramiento con una fuerte organización dentro del lugar de trabajo. A su vez, militaba en la construcción de una organización política de trabajadores. Dejó una huella imborrable en nosotros, no solo por ser buen compañero y una entrañable persona sino que también se destacaba por su condición de organizador, defendiendo las mejores tradiciones de la clase obrera sin claudicaciones y así es como queremos recordarlo. A su Familia, su pequeña hija, a sus compañeros de lucha va un afectuoso saludo.
Hasta la victoria siempre Compañero Diego
AGRUPACIÓN CLASISTA NARANJA TELECOMUNICACIONES MAYORÍA
Si bien el desarrollo de la lucha por parte de las mujeres por acabar con la misoginia y la violencia es tratado en los medios de comunicación, ciertos aspectos de esa opresión son profundamente ignorados. Nos referimos a la misoginia en los lugares de trabajo.
En Telecom-Personal es habitual que supervisores y responsables presionen a las y los compañeros tras el velo de humoradas misóginas para dejar satisfecho al cliente, y así alcanzar métricas de “calidad” que la propia empresa no garantiza mediante el servicio; es toda una metáfora de lo que sucede en los lugares de trabajo. La justificación como si fuera un chiste, o pretendiendo complicidad entre iguales, quiere desconocer la relación de poder existente en medio.
La exigencia de tolerar la agresión y “satisfacer” al cliente, sin importar la integridad personal del trabajador, es exacerbada en el caso de las mujeres trabajadoras. Pero esto no surge del cliente, sino de la propia patronal que naturaliza el maltrato como parte de la relación laboral. El jocoso o jocosa de turno personifica este poder patronal.
Los trabajadores debemos tolerar muchas humillaciones. En el caso de las mujeres el maltrato es doble: como trabajadora y como mujer. La “convivencia” con los maltratos es un medio para reforzar el yugo sobre el trabajador, minando su capacidad de respuesta.
Muchas compañeras soportan estos comentarios mientras atraviesan violencia de género con perimetrales y exparejas haciéndose presentes en la puerta de las oficinas. Los ataques a nuestras compañeras significan el refuerzo de toda opresión que sucede en el lugar de trabajo. Que las trabajadoras no tomen licencias ante la violencia doméstica no tiene más explicación que la pérdida salarial que significa no realizar ventas.
La llamada “orientación al cliente” utiliza las calificaciones del cliente contra el trabajador, responsabilizándolo por el servicio deficiente o las ventas engañosas, que son responsabilidad empresarial. De esta manera, afectan nuestro salario por medio de ítems variables atados a objetivos por ventas, presentismos y calificaciones.
Plantarse frente a estos abusos por parte de supervisores y jefes es un condicionante para pedir traslados, favores, o en la distribución de categorías… que ejercen a dedo estos mismos “mandos medios”. La complicidad de supervisoras y jefas revela que la solidaridad o sororidad debe partir de iguales, entre compañeros.
Los sectores feministas o de género cooptados por la burocracia sindical encubren estas situaciones. Saben que cuando las trabajadoras se plantan ante el maltrato están cuestionando el monopolio del poder y control del lugar de trabajo por la patronal.
Defendemos el derecho de las y los trabajadores a reunirse y debatir sobre la situación específica de las mujeres. Las “charlas” deben convertirse en ámbitos de debate de las reivindicaciones particulares de las mujeres y la madre de todas las reivindicaciones para responder de conjunto compañeras y compañeros: un salario que permita sostener a la familia sin necesidad de presentismos, premios o comisiones. Con los niveles salariales actuales, ¿cómo puede una compañera alejarse de su pareja violenta, si no puede pagar un alquiler?
Todas estas denuncias surgen de las recorridas y las charlas con las y los compañeros de las comerciales, por eso, a partir de este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, convoquémonos en una asamblea que discuta cómo poner límites a la violencia en el lugar de trabajo y cómo organizarnos para enfrentar el maltrato en casa.
Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, tiene un dramático signo en común con los 8 de marzo de principios del siglo XX. Mujeres trabajadoras de todo el mundo nos movilizaremos sabiendo que corre sangre obrera en el centro de Europa: el ejército ruso avanza sobre Ucrania y la OTAN, el brazo armado del imperialismo, ha desplegado 40.000 soldados en Polonia, Rumania, los estados del Báltico y todos los países ex soviéticos que limitan con Rusia, colonizados hasta los tuétanos por el FMI. La injerencia de Estados Unidos y la Unión Europea ha convertido la invasión a Ucrania en una guerra mundial.
Aunque Ucrania parezca lejana, mucho nos une a las rusas y a las ucranianas. Argentina y Ucrania están entre los tres países que más deben al FMI y las consecuencias son las mismas: hambre, desocupación, miseria salarial, ataque a la jubilación, pérdida de conquistas.
En la Argentina, donde seis de cada diez chicos viven en la pobreza, el gobierno se apresta a firmar un acuerdo que incluye un ajustazo inocultable. En Rusia, el 36% de la población vive en lo que llaman “zona de riesgo del consumir”, más claro: no tienen lo indispensable. La miseria convirtió a Ucrania en el mayor criadero de bebés del planeta: las mujeres alquilan -“subrogan”- sus vientres para sobrevivir. Durante la pandemia, los recién nacidos quedaron almacenados en instituciones porque sus compradores no podían retirarlos.
Putin es deudor y cómplice de las políticas fondomonetaristas: en enero, cuando los kazajos se levantaron contra los monopolios energéticos después de un aumento brutal del precio del gas, cerró filas con el régimen de Tokayev. Lo mismo hizo Turquía, enlistada con la OTAN. A la hora de esquilmarnos, de llevarnos a la desesperación, los dos bandos se vuelven uno solo.
En la Argentina, la lucha contra la guerra es la lucha contra el acuerdo colonial con el FMI. Denunciemos que los pagos que nos hunden irán a nutrir los misiles de la OTAN. Entre las organizaciones de mujeres que están preparando el 8 de marzo reina el silencio respecto de la guerra. En el caso de las kirchneristas y albertistas, tratan de ocultar la vergonzosa sumisión de los Fernández al FMI y a la política bélica del imperialismo.
La miseria social es indisoluble de la violencia contra las mujeres. En Rusia son legales los castigos corporales del jefe de familia contra la mujer y los hijos, en Ucrania las mujeres son incubadoras humanas. Ambos países se caracterizan por la misoginia y la homofobia. En la Argentina gobiernan en alegre coyunda el feminismo institucional y sus “políticas de género” con los católicos ultra reaccionarios al estilo Manzur. Hay un femicidio diario, una campaña mediática contra las denuncias de abuso y violencia, y las patotas violan colectivamente a las muchachas a la luz del día.
Los misiles de la OTAN son la continuación armada de las políticas del FMI. El imperialismo busca completar la restauración capitalista de la ex URSS, apropiarse de los inmensos recursos naturales sin el obstáculo de la oligarquía mafiosa de Putin y sus socios. Sin prestar un gramo de apoyo al nacionalismo fascistizante que representa el gobierno ruso, la responsabilidad por la invasión militar es de la OTAN, que ha desplegado sus fuerzas desde el Atlántico Norte hasta Asia central y militarizado todos los estados que rodean a Rusia.
El sostén militar a Ucrania -con la mira puesta en la liquidación del régimen ruso- alcanzó en unos días montos siderales, capaces de sacar de la pobreza a medio planeta. Alemania, Francia, Bélgica, enviaron armas de destrucción masiva por valor de miles de millones de dólares. Las asfixiantes sanciones económicas contra Rusia y Bielorrusia hundirán en la desesperación a pueblos cuyos recursos gasíferos y petroleros son esquilmados por el imperialismo.
La rapiña imperialista por las riquezas de las repúblicas de la ex Unión Soviética se enmascara ahora en la defensa de la autonomía de Ucrania. Los verdugos de Irak y Afganistán, de Yemen y Palestina, de Serbia y Malvinas, se erigen en defensores de la autodeterminación nacional mientras se pasean por el mar de la China y amenazan con extender su tendal de muerte y destrucción mucho más allá del Este europeo. El progresismo centroizquierdista se embelesa con los recién estrenados valores democráticos de Estados Unidos y la Unión Europea.
En la memoria histórica del movimiento de mujeres refulge la lucha de las trabajadoras contra la primera guerra mundial.
En 1912, la guerra en los Balcanes anticipaba la posibilidad de una guerra mundial. Reunida en Basilea, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas llamó a unirse contra la guerra. La alemana Clara Zetkin, fundadora del movimiento de mujeres socialistas, explicó la guerra como “la extensión de la matanza masiva que el capitalismo desata cada hora de cada día contra los proletarios. (…) La guerra es sólo la explotación masiva más alocada por medio del capitalismo”. Y subrayó que “la batalla contra la guerra, y la batalla por la libertad, no pueden librarse sin las mujeres”. Concluyó su discurso con un grito que taladró la conciencia de la época: “Kriegdem Krieg” (Guerra a la Guerra).
Dos años después, en abril de 1915, los peores vaticinios se habían cumplido y unas 30 delegadas socialistas se convocaron en Berna. Para entonces, miles de jóvenes morían en las trincheras de Europa: los partidos socialdemócratas habían traicionado el internacionalismo y avalado la masacre, votando el presupuesto de guerra de sus burguesías. La Conferencia de Berna publicó un Manifiesto dirigido “A las mujeres trabajadoras del mundo entero” donde dicen que “los trabajadores de todos los países son hermanos. Sólo el deseo unido de este pueblo puede ordenar que cese esta matanza. Sólo el socialismo significa la paz futura para la humanidad. Abajo el capitalismo, que sacrifica a cientos de personas en el altar de la riqueza y el poder de los propietarios. ¡Abajo la guerra! ¡Adelante! ¡Hacia el socialismo!” (https://www.marxists.org/espanol/tematica/mujer/la-internacional-de-mujeres-socialistas/3ra-conferencia-1915/1915-03-00-mujeresmundo-3conf-immss.pdf)
Hacemos nuestras las palabras de Zetkin, Luxemburgo, Krupskaya, Armand.
Todas las guerras imperialistas se proponen aumentar las ganancias del capital. Todas las guerras imperialistas tienen como enemigo principal a las y los trabajadores, no importa de qué nacionalidad sean ni dónde vivan. Unos pagarán con la vida, otros con el hambre. Los recursos que producen los pueblos serán orientados a su propia destrucción.
Unamos la lucha por nuestras reivindicaciones a la lucha contra la guerra imperialista. Hagamos como las obreras rusas, que luchando contra el hambre y la guerra derrocaron al zar y abrieron el camino a la Rusia Bolchevique.
AGRUPACIÓN CLASISTA NARANJA TELECOMUNICACIONES MAYORÍA