Foto: Lanacion.com

Teletrabajo y “nueva normalidad”

Plenario de Delegados para que lo paguen las empresas

La masificación del teletrabajo que trajo la pandemia puso en práctica una modalidad que para las empresas puede representar importantes ahorros de costos operativos, incluso la venta de inmuebles. En Telefónica, por caso, ya se escucha que la empresa baraja el objetivo de mantener una dotación mínima (del 10%) trabajando rotativamente en oficina, y el resto conectado desde sus hogares.

El teletrabajo se impuso, durante la cuarentena, como política de salud pública. Por otra parte, muchas veces se presenta para los trabajadores como una forma de resolver problemas de la vida moderna: atender a los hijos sin depender de favores, hacer compras, administrar arreglos, ahorro de costo y tiempo del calvario del transporte, etc. Pero es un arma de doble filo.

El capital utiliza los avances tecnológicos para incrementar la productividad del trabajo. El teletrabajo se presenta como una oportunidad para acrecentar sus beneficios. Esta modalidad es el puente perfecto para la extensión horaria, sea incrementando la jornada, o por la vía de las ´llamadas´ pidiendo ´ayuda´. ¿A quién no le pasó recibir algún pedido de tareas, en cualquier momento del día, “si total estás desde tu casa”?

En el teletrabajo, la distancia se incrementa, no sólo físicamente. Se atomizan los lazos de solidaridad entre compañeros que, de otra manera, comparten un lugar y horas diarias. Además, la mayor cantidad de horas en el domicilio personal, en el mediano plazo, puede afectarnos psicológicamente, alterar las relaciones de convivencia, así como el cuidado de los hijos y, finalmente, incrementa el stress. El teletrabajo requiere tener un lugar para tal fin. Para muchas tareas, como la atención telefónica, puede resultar especialmente agotador la combinación de trabajo y hogar.

La organización gremial se fragmenta y la empresa gana “libertad” para imponer sus políticas, sin que podamos vernos las caras y reaccionar. El “mundo” del teletrabajador se tiende a achicar a sus cuatro paredes. La vida moderna es la puja entre capital y trabajo por “el tiempo” del trabajador.

Las empresas están haciendo una prueba piloto y sacan conclusiones sobre cómo implementarlo. En el Congreso se discuten cerca de 20 proyectos de ´regulación´ del teletrabajo. Y el que teletrabaja, ¿cuándo opina?

Las patronales deben hacerse cargo de los costos de conexión, luz, elementos ergonométricos, etc, de forma retroactiva al comienzo de la pandemia. Asimismo, de ninguna manera puede habilitar un acuerdo permanente y compulsivo. El teletrabajo es un cambio profundo de las condiciones laborales, y ningún trabajador puede estar obligado a trabajar desde su hogar.

Esta modalidad toca varias fibras sensibles de los trabajadores y, especialmente, de las trabajadoras. Al finalizar la pandemia debe abrirse un verdadero debate en todo el gremio, por medio de asambleas, comisiones de especialidad y plenarios de delegados.

 Mientras tanto exigimos:

Tele-plenario de delegados para discutir el plus compensatorio y salario mínimo igual a la canasta familar – según ATE INDEC, hasta abril, equivalente a $67.731.

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